Editorial

Natàlia Llanes Marqués

«Estoy para hacer que las cuatro paredes del hospital desaparezcan en el momento que yo entro»

Natàlia Llanes Marqués, voluntaria payasa de hospital de la Asociación de Cardiopatías Congénitas (AACIC)

¿Qué te movió a hacer de voluntaria payasa en el hospital?

Empecé haciendo cursos de payaso, pero sentía que mi payasa era bastante inocente y muy orientada a los niños y las niñas. Además, de pequeña, viví una experiencia personal que me hizo pensar que me habría gustado tener a alguien que me acompañara en aquel momento. Todo esto me hizo dar cuenta que lo que quería era ayudar a los niños y las niñas, hacerles sonreír, especialmente aquellos que se encuentran en situaciones difíciles y con pocos estímulos de alegría.

¿Nos podrías explicar cómo es un día haciendo de voluntaria en el hospital?

Nos encontramos con las compañeras al vestíbulo una media hora antes de entrar en las habitaciones. Es un momento importante para prepararnos: primero vamos a pedir las claves del vestuario, después bajamos con el ascensor y allá nos cambiamos, cada cual a su ritmo. Yo voy algo más lenta, así que me tomo mi tiempo: el vestido, los zapatos… Una vez nos hemos transformado con nuestros personajes, vamos a enfermería o buscamos los responsables de planta para avisarles que estamos allí. Les preguntamos si hay alguna habitación donde no podamos entrar o si hay alguna celebración especial, como puede ser un cumpleaños.

Antes de entrar en las habitaciones, hacemos un momento de conexión con nosotros, tal como nos enseñó Pasquale Marino, nuestro formador de clown, para conectar con la energía del momento y con lo que está a punto de pasar.

Después, empezamos a entrar en las habitaciones. Yo, normalmente, no me preparo nada, porque no sabes qué te encontrarás en aquella habitación. Llamamos a la puerta, pedimos permiso, nos desinfectamos las manos con gel hidroalcohólico y observamos. A partir de aquí, todo es improvisación y escucha.

Recuerdo especialmente una situación con un niño de unos 11 o 12 años muy enfadado con su madre. Con mi compañero empezamos una dinámica de energía amorosa. Al principio, el niño no quería enviarla a la madre, pero, poco a poco, jugando e insistiendo desde el humor, conseguimos que se abriera un poco.

También hay veces que nos dicen que no quieren que entremos. Y esto también lo respetamos. Pero, incluso en la salida, intentamos jugar: pedimos ayuda para encontrar la puerta, nos despedimos de una manera divertida… siempre buscamos la complicidad.

Con esto lo que quiero decir es que te puedes encontrar con cualquier situación y yo estoy para hacer que las cuatro paredes del hospital desaparezcan en el momento que yo entro.

Lo más importante es escuchar y observar. Cualquier detalle de la habitación te puede dar pistas para conectar con el niño. Y, entre habitación y habitación, hacemos pequeñas pausas para respirar y cuidarnos, porque cada experiencia es diferente.

También tenemos en cuenta qué arquetipo payaso adoptamos: el Cara Blanca, que es el que lo sabe todo y manda un poco; o Augusto o Subaugusto, el adolescente o niño pequeño que intenta hacer las cosas, pero no le acaban de salir. Jugar con estos roles nos ayuda a crear dinámicas más ricas con los compañeros y compañeras.

Háblanos un poco de tu payasa…

Mi payasa se llama Mandarineta. Cuando entro en las habitaciones y me presento, explico que me gusta jugar con las hormigas. Pero también soy Enxaneta del Univers Margarita del Florit. Pero este último, los más pequeños no lo acaban de entender y lo que hago es adaptar el relato. Cuando hago de Enxaneta, me gusta jugar con la idea que vengo de incógnito, porque la capa que llevo es de Mandarineta y les digo que Enxaneta le ha cogido la bata, pero que antes de hacerlo le ha pedido permiso y ella ha accedido.

Siempre intento usar un lenguaje respetuoso y educativo. Y continúo formándome para tener más recursos: por ejemplo, ahora estoy haciendo un curso de ukelele.

¿Cómo os reciben los niños y las niñas y sus familias?

Hay reacciones diversas. Algunas familias se sorprenden cuando entramos, otras lo esperan con ilusión. Pero pequeños y grandes lo agradecen mucho. La dinámica que hacemos no es solo para los niños y las niñas, también es para las familias. Cuando entramos en la habitación, es cómo si abriéramos una ventana: entra aire fresco, cambia el ambiente. Y, durante un rato, pueden desconectar de la situación que están viviendo.

Recuerdo una niña que un día me preguntó mi nombre real. Cuando se lo dije, me respondió: «te quiero Natàlia». Es muy bonito y especial porque das, pero también recibes muchísimo.

¿Cuál crees que es el perfil que tiene que tener un voluntario payaso o voluntaria payasa de hospital?

Antes que nada, hay que tener una base: haber hecho algún curso de payaso y una formación específica como la que hacemos con Pasquale. Esto es lo mínimo. A partir de aquí, es esencial ser una persona respetuosa, con sensibilidad y capacidad de escucha.

8 pinceladas. Completa la frase

  1. Una de las cosas que ahora tiene más valor para mí, pero que hace unos años no me parecía importante es… la sencillez.
  2. Me considero una persona… del renacimiento, porque me gusta tocar muchas teclas: ahora haré el curso de ukelele, escribo, soy payasa, pinto, hago meditación…
  3. No me considero una persona… que se conforma con lo que se ve a simple vista, sino que intento ver la segunda o tercera capa, porque dentro de una persona hay muchas historias y, si te quedas con lo que veus a simple vista, solo ves la fachada.
  4. Me divierte extraordinariamente… observar las reacciones y como interactúan mis dos gatas.
  5. Algunas personas se extrañan que haga de voluntaria, y yo les digo… que es una experiencia increíble, que lo prueben, porque te da mucho amor.
  6. La última vez que reí de gusto fue… hace poco, con mi pareja.
  7. El día que tengo un rato para mí, me entretengo… leyendo libros espirituales, escuchando música de Xavier Rudd o de Malte Morten, o meditando.
  8. Recomendaría la experiencia de dedicar una parte del tiempo libre a hacer de voluntario porque… la vida no es solo recibir, también es dar. Y ser voluntaria es dar.