Editorial

Una nariz roja para sacarse las mascaras

Iris y Gerard, dos payasos voluntarios de hospital

Iris Leyers. o “Irisitas” o “Floreque”, llegó a Barcelona hace siete años. Es fotógrafa payasa: “Creo que ya era una payasa antes de hacer de payasa y mucho antes de ser fotógrafa”. Gerard Rius (20 años), el doctor SomRius, es educador social y payaso. Hace suyas las palabras de un payaso que admira, Tortell Poltrona, que dice: “cuando somos adultos, nos adulteramos”. Iris y Gerard son dos de los trece payasos que durante el 2008 han participado en una de las acciones del programa “hacer más agradable la estancia de los niños en el hospital,” promovida por AACIC.

“¿Qué pasa cuando unos payasos visitan el hospital?”

“Hoy es martes, y vendrán Gerard y Iris”, explica Joana Rodrigues.  Joana es portuguesa. Estudió en la Universidad de Lisboa y tiene una beca Leonardo da Vinci que ha aprovechado para hacer prácticas aquí en Barcelona, en AACIC, durante nueve meses. Joana ha coordinado el programa de payasos voluntarios del hospital durante el tiempo que ha estado aquí. Se ocupa de la planificación, de ayudarles en todo lo que necesitan y de elaborar la evaluación del programa.

Una semana antes conocí a Joana en AACIC. Ella insistía. “Deberías venir a ver a los payasos del hospital”. Y yo le decía: “Juana, creo que esto de los payasos… como diría… Así como en otras actividades AACIC ha sido  líder…, los payasos… ya los he visto en la televisión más de una vez.” Joana hace cara de póker: “¿y qué significa esto?” -replica- “Tú ven. Ven un día y cuando creas que ya tienes bastante, una vez hayas visto todo lo que necesitas ver, voy a hacerte una pregunta, sólo una.” “¿Qué preguntarás? “Ah, ya lo verás…”.” No, mujer, dímelo, que así ya… “. “Bueno, no es nada del otro mundo. Tú observa y al final dime: ¿Qué pasa cuando unos payasos visitan el hospital?

Este martes, payasos en el hospital

El martes siguiente, a las 10:00, habíamos quedado en la puerta del edificio de  Maternidad. Allí encontré a Joana y cinco minutos más tarde llegó Iris. Joana hace las presentaciones. Es una chica belga, alta, delgada, pelo rubio muy fino  y la piel extremadamente blanca.

Nos dirigimos a la sala que utilizan de vestuario. Allí encontramos a Gerard. Es de Platja d ‘aro. Tiene veinte años. La puerta de la sala está abierta y Gerard saluda a todos con su sombrero de bombín, uno de esos sombreros redondos, como el de los clásicos “caballeros” ingleses de las películas. Sin embargo, el elegante bombín de Gerard es de color rojo, como su nariz roja de plástico.

Los martes son Gerard e Iris los payasos que trabajan para hacer más agradable la estancia en el hospital de los niños y niñas ingresadas en el Valle de Hebrón.

Salimos juntos del vestuario. Iris es la primera. Se pasea por los pasillos del hospital mirando a todos los que pasan con una sonrisa en la cara. Lleva una catimba, un instrumento musical que es como una caja redonda de madera con un agujero en la parte superior donde hay unas lengüetas metálicas, que al pulsarlas con las puntas de los dedos crean un ruido metálico particular.

Una enfermera observa a Iris de arriba a abajo. La para y le dice: “¡oye, que llevas la etiqueta del vestido colgando!.” Iris hace cara de sorpresa, como si no se  hubiera percatado de ello, ríe y sigue caminando. Por supuesto  que sabe que lleva  la etiqueta colgando. Entre nosotros pensamos: ‘ je, je…… ¡Otro que ha picado! ‘

Un muchacho de unos doce años, con un pijama tan ben planchado que no se observa ni una arruga, se acerca a Gerard. Se ha fijado que Gerard lleva cuatro pelotas en su mano. Son pelotas de malabar, de un cuero marrón, con un cosido similar a la de las bolas de béisbol. Son unas pelotas suaves al tacto. Y blandas; digamos que si caen al suelo, no rebotan. «Déjamelas», le pide el chico. Gerard lo observa y le da una de las pelotas. “Las otras también,” insiste el joven. Gerard se las da y el chico las maneja como los malabaristas.

Una señora, vestida con unas bonitas ropas con patrones de dibujos que nos recuerdan a las telas africanas, estaba a punto de decir algo, pero al ver lo bien que el chico manejaba con las pelotas de cuero, sólo pudo decir con sorpresa: “¿y dónde has aprendido esto?” El muchacho mira a su madre como diciendo: “Sí, espera que ahora te lo explico”, o “¡Cuántas cosas que no sabes” (¡y  sólo tiene 12 años de edad!). Gerard guiña el ojo al diestro muchacho, felicitándole por su habilidad.

Amanda, una niña de nueve años, con el pelo muy moreno, largo y rizado, ha estado siguiendo a Iris por toda la planta y le estira la etiqueta, ¡con mucho cuidado! Iris se gira, ve a la niña y le acerca la catimba con la mano. Los menudos dedos de Amanda no son capaces de sacar algún sonido de aquellas lengüetas metálicas.

Iris me explica que como payasa se hace llamar “Irisitas” o “Floreque”. “Irisitas” por el parecido con su nombre, y también porque sugiere la idea de sonrisa. En cuanto a “Floreque” nos dice que en el flamenco, su lengua materna, la terminación -eque se aplica para construir el diminutivo. Así que “Floreque” se traduciría como “Florecita”, como las florecillas de su vestido.

Gerard se llama Gerard Rius, y se hace llamar doctor SomRius. El juego de palabras es claro. Gerard no viste de manera extremada. Lleva media melena  muy bien cortada y más bien rubia, una camiseta de colores y unos tejanos, sombrero rojo y nariz de plástico.

La nariz roja y las máscaras…

Y esto del vestido… ¿Cómo elegís el disfraz? “El disfraz se va haciendo. Va saliendo poco a poco, “dice Floreque. “Es cierto, dice Gerard- pero es suficiente con una simple nariz de plástico. Deja a alguien una nariz de éstas y verás que inmediatamente empieza a hacer “muecas” y cosas extrañas “. “El vestido te ayuda a creerte el personaje”. “No se trata sólo de disfrazarse, sino que se debe expresar un sentimiento, una emoción”.

Los payasos son personas muy cuerdas, muy lógicas. Es cierto que cuando los observas da la impresión de que siempre saben muy bien lo que hacen, aunque te estés preguntando: ¿pero ahora está haciendo? Sus reacciones nos sorprenden.  Esto sólo lo hace un payaso, y es divertido. Parece que los payasos lo pasan tanto o mejor que quienes juegan con él, hablan o se entretienen con él.

Le comento a Joana: “Joan, ahora veo…”. Pero Iris se nos escapa. Entra en una habitación. La seguimos. Ya hablaremos de ello en otro momento. En la habitación hay una chica tumbada en la cama. No se puede mover. Floreque se acerca a ella. La chica sonríe. Floreque se pone incluso más que feliz, lo que hace reír aún más a la chica. Los mayores que hay en la sala también ríen.

Gerard pasa por delante de la puerta abierta de una habitación. La familia de un niño… más bien un joven (12 años de edad, seguro), lo ven pasar. Desde el pasillo oímos cierto alboroto: “mira, mira…”. ” Mira éste…” “Un payaso…”. El Dr. SomRius se detiene. Con un solo movimiento se gira rápido y se detiene ante la puerta de entrada de la habitación desde donde sale todo el alboroto. Entra y con gran ceremonia, empieza a saludar a todos uno por uno, uno por uno. Y cuando llega a la cabecera de la cama da media vuelta y… ¡No!. Gira a la cara. Mira el chico que está en la cama y le lanza una de las bolas.

Como Floreque, como el Dr. Smile y como Martina (que también  tiene turno los martes, pero hoy no pudo venir) un total de 15 payasos han colaborado en la campaña “Hagamos más agradables las estancias en el hospital, 2008-09”. ¿Ya lo hemos dicho esto, verdad? Son jóvenes y no tan jóvenes. Todos han recibido una formación para ello. Han hecho cursos, han estudiado en escuelas de payasos…

“El primer día de clase, Clara Cenoz, nuestra maestra…” – comenta Iris – siempre dice a los nuevos estudiantes ‘nos ponemos una nariz roja para sacarnos todas las máscaras’.” ¿Sabe qué dice el Tortell Poltrona? “, me explica Gerard. “Él dice que de adultos nos adulteramos!”. ¡Qué buena ésta!  “Desde pequeño todo lo que hacemos es ir aprendiendo modales y costumbres. Y terminamos haciendo cosas por hábito, por costumbre. Nosotros tratamos de hacerlas de una manera diferente. Romper las costumbres y explorar las muchas maneras de interactuar con los objetos y con las personas”.

Y ahora, ¿qué me dices?

Joana se pone frente a mí: «¿Qué opinas?». “Bueno…,” le digo. Ella insiste: “¿Qué querías decirme antes?”. “Oh, nada. bien, sí. Vamos a ver… Es que… Floreque está allá abajo y Gerard aquí dentro de la… ¿Hacia dónde vamos? “. `Donde quieras´, dice Joana. ¡Vamos pues…!. “. Llegamos al final del pasillo y sólo girar encontramos a Floreque rodeada de niños y algunos que ya no son tan niños. Parece que se la están comiendo. Unos la tiran de la etiqueta del vestido. Los otros  quieren cogerle la catimba. Otros se ríen y observan la escena…  Cuando encuentras un payaso o payasa en el pasillo de un hospital o en la habitación de un enfermo, nada es lo mismo. Todo cambia. La habitación se llena de risas y palabras afables. Miro a Joan y le digo: “Joana, estas risas y  estas  bonitas cosas que dice la gente, estoy segura de que curan, hacen cicatrizar las heridas, ¿verdad?”. Joana me mira con una cara extraña. “No lo digo en sentido literal, mujer!”. Joana: “¡Ya lo he entendido!” “Ah, pero me pareció que me mirabas de una manera…”

Joana repite palabra por palabra lo que le dije la semana anterior: “Tú dijiste: ‘Juana, creo que esto de los payasos… como diría… ‘ y también dijiste  ‘Así como en otras actividades AACIC ha sido líder… los payasos… ‘. Y  aún tuviste la osadía de decir que “ya he visto en la televisión más de una vez “. Y me pregunta: “¿qué tienes que decir ahora?”. (Mejor no digo nada…).

¡Despertando el sonrisas!

A finales de junio de 2008, se organitzó un taller muy especial con los payasos voluntarios del hospital de AACIC. Pep Callau y Andreu Sanchez, de Payasos Sin Fronteras, compartieron con los voluntarios del hospital sus experiencias. Un éxito total de participación y implicación. Estamos preparando nuevas ediciones.

Estos son los nombres de los payasos que han participado y/o aún participan en el programa de AACIC. A todos ellos les damos las gracias. Guardamos un recuerdo muy especial y valoramos su labor y colaboración. Gracias a Lluís Yuste a Núria Peretó, por todos estos años. Y al nuevo grupo, Mar Basany, Mònica Santos, Olga Sanz, Michael Hafran, Enric Hugas, Iris Leyers, Espe Casas, Jordi Perez, Manuel Sanchez, Bienam Perez y Gerard Rius.

El Blog del Dr. SomRius

Hemos escogido un fragmento del Blog de Gerard. El Blog se titula “Reflexiones de un payaso de hospital”. Reproducimos el primer post, donde se reflejan sus expectativas y donde tenemos noticia que Gerard tiene en su casa un armario lleno de narices rojas.

Post: Primer martes en el Hospital. “3,2,1…”. “NUESTRA PRIMERA VEZ…”

¡Como Payasos voluntarios en el Hospital Valle de Hebrón! El Comando MARTES, cada 14 días repartiendo sonrisas!

Somos Martina, Iris y Gerard. Aprovecho para explicar mi experiencia como Dr.Somrius:

1era Parte. 3, 2, 1…

A les 8 me despierta el móvil, que como cada mañana, reproduce: “Alegria” del Cirque du Soleil.
Empiezo el día a las 8.10 am. Había vuelto a escuchar la canción, cinco minutos más tarde… y 5min +… para dormir un poco más alargando el sueño, y para poder volver a escuchar: “Alegriaaaa” Duchado y vestido, justo antes de salir a la calle, comprobar que tengo las cuatro cosas indispensables: ¡monedero, móvil, llaves y una nariz roja en el bolsillo! Me detengo un momento frente a la vitrina donde guardo todas las narices que tengo. Cuento hasta doce narices diferentes. Quiero coger alguno más y no acabo de decidirme. Los observo intentando decidir… Narices nuevas aún por estrenar, Algunos de uso cotidiano aleatorias, Y otras a punto de jubilarse… Hay con hilo y sin hilo, De plástico, de látex, esponjosos… ¡Y con luz! Mi primera nariz, el segundo y los siguientes: ¡Rojos, negros, redondos, cuadrados y alargados! Pintalabios para pintar a los niños que quieran, Y el que me regaló Tortell Poltrona en el 3xl. Abro la mochila. Junto a la carpeta de la Universidad, las cuatro bolas de malabares, Cojo dos narices al azar (el de Pinocho y el de Charlie Rivel), Y ya estoy a punto para irme. Salgo a la calle, cojo el metro, Próxima estación ¡Valle Hebrón!

3,2,1… ¡Empieza un sueño!

CONTINUARÁ…

El Diario de Floreque

Aquí tienes un fragmento del diario de Iris, de Irisitas, la Floreque. Vaya, aquí firma su diario como Floripondia.  Esta es su experiencia el día 27 de mayo de 2008. Nos dice que va cogiendo confianza y que hoy echa de menos a sus compañeros.

“Cada vez me siento más segura yendo al hospital. Siento la falta de mis compañeros (hoy me ha tocado salir sola). Tenía mucha energía pero las caritas enfermas me hacían recordar que es mejor acercarte con cuidado y suavidad. Los juegos más sencillos son los que más ayudan a los niños, aceptando sus limitaciones y jugar dentro de lo posible es lo que les hace salir un momento de su situación y el regalito es la sonrisa. También lo que he descubierto es que la respiración hace milagros. Respirar con ellos les tranquiliza mucho y ayuda a encontrar la complicidad y el juego. Hoy mi cajita de trucos mágicos ha sido muy sencilla. Un abrazo a todos. Doctora Floripondia.