Editorial

La autonomía personal es un proceso, y ¡dura toda la vida!

Conversamos con Rosana Moyano, psicóloga de AACIC CorAvant

Recuerdas haber cortado una discusión diciendo: “¡Déjame, que ya soy mayor!”. Has pensado en algún momento: “Ya soy lo suficientemente mayor para… Es como decirte que te sientes con capacidad de conducir tu vida, de afrontar las situaciones, de tomar decisiones y aceptar sus consecuencias. ¡Crecemos, hacemos nuestra vida, somos personas autónomas! ¿Lo somos? ¿A qué edad tomaste las riendas de tu vida? ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas el momento? Tal vez no se trata de un solo momento.

Jóvenes, niños, niñas, familias y también personas adultas con cardiopatías congénitas -hombres y mujeres que trabajan, con pareja o sin ella, con hijos e hijas- visitan a la psicóloga Rosana Moyano en la sede de AACIC-CorAvant en Barcelona. Ella escucha. Conoce las inquietudes de cada uno de estos colectivos. Lo primero que nos dice es que la autonomía personal no es sólo una cuestión de edad: “Es un proceso, un aprendizaje que dura toda la vida”.

“Nos debemos permitir pensar ‘esto no es lo que quiero’ y reconducir el proyecto de vida propio. Siempre tenemos ocasión de cambiar… “

Decimos que una persona es autónoma cuando es capaz de asumir las responsabilidades de su propia vida. Y esto significa tomar decisiones, tener que escoger, y hacerlo con libertad, pero también aceptando sus consecuencias.

Tú dices que la autonomía personal es un proceso.

Sí, es un proceso de aprendizaje. Comienza en la infancia. Enseñamos a los hijos y las hijas a ser responsables, y lo aprenden, pero el proceso continúa toda la vida. No lo hacemos solos. Lo hacemos con la madre y el padre, primero, y, después, con maestros, con amigos, amigas…

De la niñez, a la edad adulta. Dinos algo de cada etapa. ¿De qué manera debemos enseñar a los hijos a hacerse personas autónomas?

Haciendo que se responsabilicen. Si tenemos que ir al médico… “¿Cuando hemos de ir al médico? ¿Lo sabes? Así lo recordarás”. En cada edad los niños pueden asumir responsabilidades. Si no lo hacemos así, estaremos creando personas inmaduras.

Y en estos casos…

… encontraremos una persona con dificultades para saber qué quiere, con un sentimiento de poco control de su vida. Nos debemos permitir pensar “esto no es lo que quiero” y reconducir, a partir de aquí, el proyecto propio. Siempre tenemos ocasión de cambiar…

Qué golosina, el mundo

¿La adolescencia es la edad más compleja?

Es una edad compleja. Hasta la adolescencia, los padres y las madres siempre están. En la adolescencia, hay más gente. Están los amigos, que son de las personas más importantes, está la moda, la música, ¡el mundo!

El mundo es una golosina…

¡El mundo atrae a los adolescentes y les interesa! Es la edad en que empezamos a ser nosotros mismos y, lógicamente, nos sentimos tentados por todo aquello que nos hace sentir adultos. El adolescente sabe que hay riesgos, incertidumbres, cosas nuevas, y se siente mayor, pero no totalmente autónomo. Jugamos a hacernos los mayores. Sabemos que si las cosas no van bien podemos volver atrás. Queremos que los padres nos dejen salir hasta la madrugada, pero al día siguiente les pedimos que nos acompañen a hacer la matrícula del instituto.

Este mundo tan atractivo para los adolescentes crea mucha inquietud en los padres.

Sí. También debemos madurar como padres a medida que los hijos crecen. Tenemos que aprender a hacer de padres de otra manera. Debemos dejar espacio para que los hijos exploren y debemos ponerles límites. No nos debe dar miedo decir claramente lo que está permitido y lo que no, pero hacerlo razonadamente, con información y no con miedos.

¡Las preguntas las hago yo!

Pasa la adolescencia y alcanza la juventud.

¡Es la edad en que te das cuenta que te estás saliendo! Al igual que hicimos tú y yo en esta edad. Los jóvenes han escogido los amigos, ya han vivido experiencias solos, sin los padres. Han tomado decisiones sobre qué estudiar o de qué trabajar. Van construyendo su proyecto propio, su propia vida, crean su mundo. ¡Y es fantástico!

¿Qué les sucede en esta edad a los jóvenes con cardiopatía congénita?

Es la edad que queremos ir solos al médico, que decimos, a los padres, que ya somos lo suficientemente mayores. Entendemos lo que nos pasa y nos vemos con capacidad. Ya no son los padres, sino nosotros mismos que preguntamos a los médicos, las enfermeras, los psicólogos. Queremos conocer, queremos saber.

Queremos conocer y saber para…

… tomar nuestras decisiones, sobre la salud, sobre la vida. El comentario general de los jóvenes que pasan por aquí es que se sienten más capaces de lo que piensan sus padres.

¿Y lo son tanto, de capaces?

Seguro que lo son mucho más de lo que piensan los padres. Cada persona, sin embargo, es diferente. En esto de crecer hay muchas velocidades. Todo el mundo llega, pero unos lo harán a los dieciocho, y otros, más tarde.

¿Cómo afrontan los jóvenes esta etapa de… preautonomía?

Los hay que llevan su cuerpo al límite sin pensar en las repercusiones: prueban drogas, hacen deportes de riesgo, salen de noche y no descansan lo suficiente o viajan a países con poca cobertura sanitaria. Queman cartuchos. Por otro lado, los hay que han crecido con miedo. La patología se ha convertido en el centro de su vida y no se ven capaces de crecer, de momento, de tomar responsabilidades y de decidir sobre su futuro. Tienen poca motivación para su día a día. Están como atrapados.

Y entre los atrapados y los que queman los cartuchos, ¿quién queda?

Hay jóvenes que conocen su cuerpo y toman las decisiones en consecuencia. Han incorporado la cardiopatía como una parte más de ellos mismos, como el hecho de ser rubios o rubias, o no serlo, y si tienen los ojos marrones o verdes… Tienen más capacidad de tirar adelante y maduran a un ritmo adecuado para su edad.

Nos hemos hecho mayores

Hemos hecho el retrato de la juventud. Nos toca ahora hacer el de las personas adultas.

Como adultos, tenemos la vida organizada. Trabajamos, tenemos pareja o no tenemos, tal vez tenemos hijos… Vivimos plenamente como personas autónomas.

Así, hemos logrado la autonomía. Es como si hubiésemos llegado al final del proceso. Por eso me ha sorprendido que dijeras que es un proceso que dura toda la vida.

La responsabilidad no caduca. Conocemos casos de adultos con cardiopatías congénitas que no han tenido problemas. Han vivido sin pensarlo. No era un problema y saben pocas cosas sobre las repercusiones de la patología. Un día, inesperadamente, deben pasar por el quirófano por una cuestión del corazón y tienen que hacer cambios en su vida para seguir adelante.

Cuando una persona adulta con una cardiopatía congénita decide hacerte una consulta, ¿qué es lo que más le preocupa?

La inquietud está relacionada con los límites. ¿Podré…? ¿Hasta qué punto? ¿Me sentiré capaz? Expresan preocupación por las posibles consecuencias, y esta preocupación se incrementa por el desconocimiento de las repercusiones.

¿Qué apoyo se puede ofrecer, como psicóloga, a estas personas?

Cada persona tiene sus recursos. Un hombre o una mujer adultos tienen un buen capital de experiencias en la cuenta corriente de su vida. ¿Qué quiere decir esto? Tener experiencia significa que conoces un proceso. ¡Lo hemos vivido! Conocemos las etapas y, por tanto, sabemos qué mecanismos debemos poner en marcha. ¡Pongámonos a ello!

¿Cómo recupera el sentido de autonomía el adulto a quien se le ha agrietado el mundo?

Paso a paso. Probando. Las personas no funcionamos poniéndonos límites, sino que vamos probando sobre lo que vemos que hacemos o podemos hacer, y así vamos tomando las decisiones que tocan. Habrá frustraciones y también éxito. Los aprendizajes incluyen tanto la frustración y el error como la satisfacción del éxito.

Rosana Moyano, ¡gracias!

Hace poco tiempo que hay servicios médicos especializados en cardiopatía congénita en la edad adulta. AACIC CorAvant, que participó en la elaboración del Plan Director de las Enfermedades Cardiovasculares del Departamento de Salud incluyó estas palabras, refiriéndose a las cardiopatías congénitas en la edad adulta: “Crecemos y conocemos a medida que las personas con cardiopatía congénita también crecen y se hacen mayores”. Cuanto mejor conozcamos las repercusiones, más efectivo será el apoyo que podremos ofrecer. Seguramente, de aquí en adelante tendremos nuevas oportunidades para hablar…