Editorial

Investigación

¿Creer o saber? ¿Fe o conocimiento? Intuitivos como somos ¿tendemos a eludir la cuestión? ¿Tenemos suficiente con una respuesta breve, un remedio milagroso, una medida global y simple?

Los científicos son conscientes que su trabajo requiere esfuerzo continuado y metódico. Los investigadores viven en un mundo ilusionante —tal vez decepcionante—, en que la tenacidad constituye el combustible básico. Orden, imaginación, coraje, riesgo, realismo y fantasía se combinan en su  día a día. Es un hecho que los progresos espectaculares de la ciencia han impulsado transformaciones económicas y sociales a menudo insólitas y no siempre positivas. Se habla del poder excesivo de las grandes empresas tecnológicas. Y no sólo por los enormes beneficios en ascenso, sino por el poder que hasta puede marcar el ritmo de la investigación del cual son deudores. Por otra parte, el paradigma actual propicia la desigualdad creciente entre los que más acumulan y la masa que se empobrece. La divulgación ha creado puentes y todo hace pensar que el abismo entre científicos y usuarios ha desaparecido. Pero no deja de ser un fenómeno visual engañoso. Algunos de estos puentes están construidos con vigas de reduccionismo, cemento de impacto periodístico y diseño inútil y banal futurismo. Ciertamente los contertulianos familiarizan y acercan el lenguaje de la ciencia. Pero esto no ha impedido un nuevo fenómeno que los afecta y que la covid ha acentuado. ¿Qué explica la extensión del antivacunismo, esta nueva expresión del negacionismo, sino la desconfianza, es decir, la incredulidad? Creer o no creer en el efecto positivo de las vacunas, creer o no creer en la ciencia, ¿no corresponde al comportamiento de una nueva feligresía? La ciencia entendida como una nueva religión es la demostración dramática que los divulgadores científicos, en general, no han sabido transmitir los valores de la investigación. La industria, la rentabilidad económica, el relato, la faramalla que genera pesan más que el propio progreso científico. La revolución tecnológica precisa que tengamos predisposición a mirarlo con el chip crítico del método científico: saber, más que no creer.

 

Jaume Comas