Actualidad y experiencias

“Eloi es nombre de guerrero”

Silvia compartió con nosotros en el Boletín 19 (2014) este relato lleno de emociones que expresan la fuerza intangible y mágica del amor. Ahora Biel ya tiene 5 años y tiene una hermanita pequeña, Abril.

No puede ser de otra manera
“Me gusta ir a las visitas prenatales, me harán una ecografía y veré a mi chiquitín. Seguro que todo va bien, seguro que me dicen que está grandote y perfecto. No puede ser de otra manera, ¿no? Conozco a mi doctora, es mi segundo embarazo con ella, me siento segura y confiada. Pero… no me gusta nada tu expresión, estás tardando mucho doctora, estás seria, ¿Qué pasa?” Nunca olvidaré los segundos espesos, el silencio, el vértigo al escuchar eso de… Silvia, vístete, tenemos que hablar. “¡No! No me quiero vestir, no quiero hablar contigo, no quiero que tengas nada que decirme, ¡No!”

No me dibujes corazones
Así empezó todo, yo, sentada, acojonada, enfadada, desconfiada, insegura, pequeña… muy pequeña. Mi mano derecha apoyada en la barriga, intentando proteger a mi pequeño Eloi de lo que estaba a punto de escuchar. Mi doctora tenía sospechas, al corazón de Eloi le pasaba algo, debía derivarme a otro profesional para estudiar mejor nuestro pequeño corazón.

Fueron días de prisas, nervios, de mirar mucho Internet, de esperar que finalmente sólo fuera un susto. En menos de 24 horas estaba sentada ante otro profesional más especializado en el tema y con aparatos más sofisticados para mirar a mi bebé. El señor miraba el corazón de Eloi, serio, comentando con otros doctores palabras que, a mi entender, sonaban a horror…. Y otra vez estaba sentada esperando un diagnóstico.

Tenemos un problema, dijo, y empezó a explicarme que mi hijo iba a sufrir, que tendría menos oportunidades, que no se sabe, que la ciencia avanza, que las estadísticas dicen, que la esperanza de vida, una calidad de vida considerable,… “¡No! ¡No quiero! ¡Os equivocáis! ¡No me dibujes corazones! ¡Me importa un carajo en qué consisten las operaciones! ¡Cúralo! Por favor, que se haya equivocado, por favor. ¡No! Mi bebé no, por favor, él no, nosotros no… Tengo otro hijo, no se lo merece, mi bebé, mis bebés… no… no… no…”.

Estoy pensando demasiado deprisa, veo el futuro de mis hijos. Biel, lo siento, tu vida no será fácil, te regalo una responsabilidad enorme. Eloi, por favor lucha hijo, lucha, ya veremos lo que hacemos, pero tú lucha. El doctor habla de amniocentesis, pero…“¿para qué? La ley no me permitiría abortar con mi bebé tan grandote. No quiero tener que pensar en eso… aunque seguro que se equivocan, ya sabemos que siempre exageran, se ponen en lo peor… eso es, se han puesto en lo peor pero no será nada, seguro, se equivocan.”

Me estoy perdiendo mis recuerdos
Pasaban los días y cada uno de ellos era un reto. Estaba enfadada, muy enfadada, y creo que todavía lo estoy. Necesitaba encontrar casos similares, que todo hubiera salido bien, que me dieran esperanza y me quitaran este terrible dolor en el pecho. Siempre con esta presión, una pelota espinada iba creciendo justo en medio de mi pecho. A veces dolía tanto que no podía evitar llorar; llorar exageradamente, ahogándome en cada sollozo y luchando por coger aire que me permitiera seguir ahogándome; esperando que nadie me oyera, sobretodo Biel.

Cuando notaba que la oleada de dolor podría conmigo me escondía, dejaba a mi hijo con cualquier dibujito estúpido y me iba a mi habitación a morirme un poquito por dentro. Los niños son listos, ya lo sé. Pero nunca imaginé que mi hijo mayor lo fuera tanto. Con menos de dos añitos tenía la inteligencia suficiente como para no hacer ningún ruido cuando yo lloraba sin control,… se quedaba solito, delante de aquellos dibujitos estúpidos y no existía, no molestaba, sólo dejaba pasar eso que fuera que le pasaba a su mamá. No fue hasta muchos días después que empezó a comentar entre juegos en la guardería lo que pasaba en casa… “la mama plora”.

Aquel “la mama plora” me paralizó, lo estaba haciendo mal. Mi hijo estaba sufriendo por no saber cómo, por intentar protegerle, por creer que sería mejor no decir, porque era demasiado doloroso para él,… o para mí. Le expliqué, lo intenté, busqué un momento en el que él estuviera receptivo y medí cada palabra, cada gesto,… mi tono de voz era correcto, el lenguaje sencillo, el mensaje corto y claro…” La mami està trista Biel, però no es culpa teva, amb tu estem molt contents. Saps que tindràs un germanet, la mami pateix perquè està malaltó i no troba cap xarop que el curi”. Biel lo entendió a la primera, y yo también… nunca más me esconderé de mis hijos, les daré la oportunidad de entrar en mis emociones, de experimentar y de aprender a expresarlas sin vergüenza o temor.

Cuando tienes un niño pequeño hay muchas primeras veces, todo es nuevo, en cualquier momento se te pone ese nudito en la garganta con el que casi lloras de ilusión. Su primer fin de curso, su primer caga tió, su primer cumpleaños,… yo ya había pasado por eso,… pero estaba en una fase tan interesante o más,… sus primeras veces conscientes. Era su primer carnaval vivido con ilusión, llevaba semanas preparando algo en la guarde y yo no sabía lo que era, estaba nervioso, quería que yo estuviera. Pues no pude estar, tenía que guardar reposo absoluto… Era la primera vez que dormía sin mi pequeño en casa, que no estaba con él, lo echaba de menos y con razón,…Me estaba perdiendo mis recuerdos…Durante su segundo cumpleaños pude estar con él, pero no nos engañemos… no lo estaba. Ni siquiera le preparé una fiesta, no vinieron sus amiguitos, no hicimos invitaciones de cumpleaños juntos. Lo celebramos en familia, hubo pastel, fuimos a una granja… “lo siento Biel, mami no daba para más”.

“Has de ser molt valent”
El momento del parto llegó, fue tranquilo y rápido. Desde que me enteré del diagnóstico de Eloi pensaba en el parto como un momento de presión, de incertidumbre, de miedo a lo que nos podríamos encontrar,…sobrevivirá Eloi? ¿Estará tan malito como creen? ¿Necesitará ayuda para respirar? ¿Lo podré coger? ¿Saldrá adelante mi chiquitín? Pero no fue así, estaba feliz y relajada. ¡Iba a conocer a mi niño! En esos momentos pudo más la ilusión por mi bebé, por la vida que se encendía que el miedo al sufrimiento y a las probabilidades. Pudimos ver nacer a Eloi, una pantalla de espejo nos permitió recibir a nuestro hijo centrándonos en como nacía y gravando para siempre esas preciosas imágenes… para siempre…

Hasta hoy son las imágenes más bellas que conservo. “Hay un montón de médicos, seguro que nada puede salir mal, ellos no lo permitirán. Esto de empujar no cuesta tanto,… sólo llevo tres empujones y,… ¡Está fuera! ¡Lo quiero ver!, con tanta gente por aquí no lo veo, sí, sí, ahora sí, lo veo,… ¡Es precioso! Es igualito a Biel, no parece enfermo, ¡ja! Mi intuición tiene razón, ¡se han equivocado! Es perfecto y está sano, yujuuuuuuuuu.” Por fin me lo ponen encima, siento su olor, su calor, me da ese golpe de amor y de instinto que sólo una madre puede sentir. “Eloi, has de ser molt valent”. Le dí un beso en el pecho, en su corazoncito, y se lo llevaron a la UCI. En ese momento lo entendí, sí, es posible querer a cada hijo con la misma intensidad y del mismo modo que el primero. He de reconocer que hasta que nació Eloi no me lo creía, por mucho que todo el mundo lo diga, creía que Biel siempre sería mi preferido… me equivocaba, si tuviera 50 hijos creo que los 50 serían iguales.

Y llegó la mañana, el cardiólogo pasó visita, yo tenía una sonrisa de oreja a oreja,… recuerdo que le miré con sorna y le dije con toda la intención un solo “Qué” que sonaba a “…os habéis colaaaaaado”. Él se limitó a mirarme a los ojos con toda la neutralidad que supo y dijo “se confirma el diagnóstico”. El mundo se me cayó encima, no puede ser, a nosotros no nos puede pasar esto, es precioso, no parece enfermo, no puede ser, se equivocan otra vez, bueno, ya se sabe, siempre se ponen en lo peor, tienen que prepararnos para eso… seguro que en unos días todo se vuelven sonrisas y alivio.

“Ja queda poquet, ja queda poquet”
Eloi compartió su vida con nosotros 46 días, tuvimos la oportunidad de conocerlo, de saber que era un niño precioso, le gustaba dormir sobre el lado izquierdo, le tranquilizaba que le pusieran la mano en la cabecita,… tapando su oreja derecha, … Tenía una sonrisa preciosa, nos regaló unas cuantas, poquitas, pero siempre recordaré una en concreto en la que su boquita me enseñó las encías y toda su cara sonrió junto a ella. Mi bebé tenía mirada adulta. Debido a su corta vida no tenía experiencias ni apenas conocimientos,… pero era capaz de transmitir esperanza, valentía, lucha y optimismo. Nos ayudó tanto,… con solo mirarnos. Vivimos días muy duros, siempre esperando, sufriendo, interpretando, seleccionando palabras, intentando centrarnos en él y en su olor,… olía a calidez.

Aprendimos a amar en el momento, intentando no pensar, centrándonos en lo que teníamos y conformándonos con todo. Recuerdo que me imaginaba a mí misma con una mochila enorme y que ésta cada vez pesaba más; me decían que su vida sería dura,… pues ¡a la mochila y palante!, que su esperanza de vida era corta… ¡a la mochila!, que sufriría… ¡a la mochila! Esa mochila pesaba mucho, demasiado, pero estaba dispuesta a cargarla siempre y a equilibrar el peso llenando mi pecho de optimismo y cariño. Levantamos un edificio de comprensión, de ánimos, de abrazos de consuelo, de silencios que sentenciaban,… cada ladrillo era una persona, un familiar, un amigo, un médico, una enfermera, un profesional, una madre o padre en la misma situación…

Es imposible que recuerde a mi hijo sin pensar en cada persona que nos ayudó y que nos ofreció su profesionalidad y cariño. Todos ellos forman parte de Eloi, su recuerdo es la suma de tantos momentos. En los “malos ratos” acariciaba la cabeza de Eloi y siempre le repetía: “Ja queda poquet, ja queda Piquet” imaginaba que pronto dejaría de sufrir, que se curaría. Me aliviaba visualizarlo de mayor, un adulto que ya no recordaba esos momentos. Eloi murió en mis brazos, me gusta pensar que lo último que escuchó fue: “Te quiero”.

 

Silvia Aroa