Editorial

Más allá de salir del paso

La columna de Jaume Comas

Cuando seas mayor, ya lo entenderás, nos decían de pequeños. Y, fieles a la tradición, lo hemos repetido a los nuestros. Nos hacemos mayores y aún así  no crecemos en comprensión. La vida se nos muestra enigmática. Nos cuesta comprender la complejidad, entre otras razones, porque todo nos conduce al reduccionismo. Llueven breves explicaciones, titulares de prensa, slogans llamativos, datos comprimidos y sin contexto. Y quedamos tan empapados de ello que terminamos rechazando los argumentos bien trabados. No es de extrañar, pues, que reclamemos y exigimos de segunda mano frases que tragamos sin digerir como deberían y que nos provocan efectos analgésicos. Uno de los aspectos más contradictorios de la vida social es el resultado de las contiendas electorales. Hoy se ha puesto de moda etiquetarlo de populismo, pero este malaventurado comportamiento colectivo de voto contra sus propios intereses es más viejo que matusalén. Se dice que lo más triste de las clases trabajadoras y populares es ser pobre y votar a la derecha. El clientelismo y el deslumbramiento se han renovado- a la baja, por cierto-, el gobierno del PP impidieron el primer intento de secesión escocesa, han desaprobado la paz colombiana, catapultan la xenofobia y el racismo europeo, consolidan el autoritarismo polonés, turco, ruso y húngaro y, lo peor de todo, han entronizado el neonacismo y el neoliberalismo de Trump. La involución se halla en la seducción de un mundo de apariencias, emotivo, carente de lógica y basado en el pensamiento inmediato.  Cuando se confunden los síntomas y las causas, difícilmente se acierta en el remedio. Cuesta mucho que el voto se convierta en solidaridad si la mirada no es panorámica. Es necesario cambiar el chip. Debemos informarnos acerca de los problemas que nos afectan no sólo de cerca sino también de lejos, y tenemos que hacernos una opinión fomentada y contrastada en el diálogo y la experiencia de los que, a pesar de saber qué es el dolor, no se ceban en ello. Los medios de comunicación no nos ayudan mucho en ello porque nos bombardean con más adoctrinamiento y valoraciones interesadas que información veraz. Las noticias cocinadas y las tertulias manipuladas nos permiten probar los hechos, que son la materia prima para evaluar la realidad. Pero al mismo tiempo nos toca repensar  la obsesión de lo inmediato. La obsesión de vivir intensamente el presente es insostenible. Es necesario pensar en el alcance temporal de lo que resobemos. Optar por cubrir el expediente no es sino aplazar la mejor solución. Salir del paso no es lo mejor, porque implicarse a fondo también es pensar a largo plazo.

 

Jaume Comas