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“He luchado toda mi vida para vivir, junto con mi familia, y ahora lucho para hacer vivir a los demás”

Conoce la historia del Dr. Víctor Cantarero, residente de medicina de familia en Barcelona

Me llamo Víctor Cantarero. Nací hace 37 años en el Hospital de la Vall d’Hebron, bueno ahora en enero hará ya 38 años. Nací con una cardiopatía congénita, tetralogía de Fallot. En aquellos años era una enfermedad bastante grave con un pronóstico incierto.

Descubrieron mi enfermedad cuando tenía un mes y ya empecé a hacer tratamiento médico. Hacía muchas visitas a urgencias por las repetitivas crisis de hipoxia. Me visitaba el equipo del Dr. Ballabriga y la Dra. Sánchez, un equipo fantástico. Les estoy muy agradecido y también a todos los profesionales sanitarios que me atendieron durante tantos años.

Como las crisis de hipoxia continuaban me tuvieron que hacer un estudio de hemodinámica para valorar hacerme una fístula sistémica pulmonar, es decir, un cateterismo cardíaco. Cuando tuve 6 meses, finalmente, me hicieron la fístula de Waterston que funcionó correctamente. Claro, no fue tan fácil, estuvieron a punto de no poder hacer mi intervención, porque coincidió con un terrible accidente en un camping, los Alfacs, y todos los quemados y accidentados graves eran trasladados al Hospital de la Vall d’Hebron.

Cuando hice tres años me operaron a corazón abierto y me hicieron la corrección quirúrgica total con anulación de la fístula. En el postoperatorio sufrí una neumonía ¡por si no tenía suficiente! Je, je, je. Sobreviví a la intervención quirúrgica que duró muuuuuuchas horas y además se ve que vinieron médicos de todas las partes del mundo, ya que no era una cirugía muy conocida en aquellos tiempos.

Estuve muchos días ingresado en la unidad de intensivos pediátricos. Pero al final la cosa fue bien. Volví a nacer de nuevo, por segunda vez. Mi desarrollo posterior fue lento, como suele ocurrir, tenía un retraso en mi estado ponderal.

Mis padres me criaron con mucho cuidado, siempre protegido de hacer depende qué cosas. Pero yo era un niño muy nervioso, travieso y no paraba quieto, lo que desesperaba totalmente mis pobres padres.

Al colegio seguía el ritmo de todos, incluso haciendo gimnasia, y eso que tenía órdenes de detenerme cuando estuviera cansado. Pero siempre me superaba a mí mismo, y no me sentía en ningún momento como si estuviera enfermo. Incluso, practiqué artes marciales y participé en campeonatos de esta especialidad deportiva.

En la escuela era bastante malo, no escuchaba y no estudiaba lo más mínimo, por lo tanto, mis notas eran muuuuy malas. Mis padres estaban desesperados con mis notas, incluso hablaban de internados, je, je, je, hasta que un día, nos hicieron unos tests y juegos para saber el coeficiente de inteligencia. Sorprendentemente salieron muy bien, creo que puedo decir que muy bien, tanto que me volvieron a hacer el test por que se pensaron que había copiado las respuestas de algún compañero de clase. ¡Pero no! Salió como la primera vez que lo hice. El resultado era que tenía un coeficiente más elevado que el resto de mi clase, no era de escándalo, pero sí que contrastaba con mis notas. Telefonearon a mis padres para comentarles que tenían un niño muy inteligente pero que era un vago de mil demonios.

Bueno, con el paso del tiempo empecé a estudiar FP1 la rama sanitaria (auxiliar de clínica) y a partir de ahí cambió mi vida. Estudiaba algo que me gustaba, sacaba muuuy buenas notas, y continué con FP2, ya tenía claro que quería ser médico, y continué estudiando… universidad para hacer la diplomatura de enfermería, y continué estudiando… y empecé la carrera de medicina, hasta ahora.

Ahora soy médico R1 de medicina de familia y comunitaria. En medio de todo esto, mi vida no ha sido fácil (como cuando nací), seguimientos por cardiología, por pediatras, por diferentes especialistas médicos, incluso a media carrera de medicina (iba trabajando de enfermero mientras estudiaba) tuve un niño pequeño, y me tuvieron que hacer un recambio valvular de mi válvula pulmonar. De nuevo, otra intervención quirúrgica a corazón abierto y por tanto, la tercera vez que volvía a nacer. Y sé que tendré que volver a pasar por el quirófano una cuarta vez, porque mi válvula no es mecánica y por tanto, se debe sustituir.

Total… he luchado toda mi vida para vivir, junto con mi familia, y ahora lucho para hacer vivir a los demás. Esto sí que es reconfortante. Me siento realizado en todos los campos de mi vida, y no podré agradecer nunca tanto a mi familia y a los profesionales que me atendieron, y que todavía lo hacen, lo que han hecho por mí. Les estaré eternamente agradecido.

Y este es un resumen de mi vida. Je, je, je.

 

Dr. Víctor Cantarero Lecina
Médico residente. Medicina familiar y comunitaria