Editorial

A Rosana Moyano le gusta la montaña

La afabilidad, la consideración hacia las personas y el respeto, son tres factores que Rosana lleva incorporados de serie.

Hoy no atenderá en el despacho de la entidad, porque tiene turno en uno de los hospitales de referencia. Otros días, en su agenda consta una charla con un grupo de padres, o de maestros en una escuela. Rosana es afable, es educada y respetuosa. Y todo esto, no le cuesta. Ya hace diez años que trabaja en AACIC. Al acabar los estudios Rosana trabajó de psicóloga en una escuela, también colaboraba en una asociación que daban apoyo a madres. La presidenta de la asociación donde trabajaba se enteró que en AACIC necesitaban una psicóloga y se presentó. “Fuimos la primera entidad en el Estado en ofrecer apoyo psicosocial a las familias con niños con cardiopatía “.

Ha visto crecer muchos chicos y chicas. Primero vinieron con sus padres y ahora ya vienen solos. “Hemos evolucionado -dice-. Los niños se han hecho jóvenes y se hacen preguntas: ‘Quiero ser madre. ¿Podré serlo? ‘. O, ‘No soportaría que la cardiopatía no me dejara trabajar en lo que me gusta tanto’. ” En los últimos años Rosana comenta que se está atendiendo un nuevo tipo de personas: “Es gente adulta a quien la cardiopatía no les había supuesto ningún inconveniente, pero a medida que se acercan a edades avanzadas, les surgen inquietudes y dudas sobre cuál será su calidad de vida. ”

Me di cuenta así de repente, escribiendo estas líneas. Será difícil encontrar en España -y también en la mayoría de países de Europa- una psicóloga con la experiencia de Rosana Moyano. Ha estado siempre tan cerca de nosotros que nos cuesta creerlo, pero tiene un conocimiento profesional extraordinario sobre lo que implica nacer y crecer con una cardiopatía congénita. Se lo comento. Ella sonríe y me dice: “¡Vamos, no exageres!”

Me cuenta que le gusta el cine; y el teatro. También le gusta leer, pero los ratos de lectura los llenan fácilmente artículos y libros de trabajo. Cuando tiene unos días de fiesta, se escapa, si puede: “Me gusta mucho el mar, pero también me gusta caminar por la montaña. “Pero, si te hubiéramos de ir a buscar, ¿por dónde deberíamos empezar, por el mar o por la montaña?, le pregunto. “¿Conoces la Costa Brava? ¿Sabes que hay un trozo de costa donde el bosque y la montaña, se meten dentro del agua? Allí, me podrías encontrar”.

 

Jaume Piqué i Abadal