Formación e Investigación

¡El asociacionismo juvenil es poder!

Oriol Nicolau Presidente CJB (Consell de la Joventut de Barcelona)

La juventud es esa etapa entre la niñez y la edad adulta. Teóricamente comprende las personas que tienen entre 16 y 29 años; sin embargo, ya hace algún tiempo que está más o menos consensuado que la juventud en sí no deja de ser una condición social, de igual forma que el género o etnia a la cual perteneces. En definitiva, eres joven desde que dejas de ser un niño o adolescente y pasas a ser un adulto.

Sin embargo la situación de las personas jóvenes en estos últimos años se ha visto especialmente sacudida por los efectos de una crisis sistémica de alcance mundial. Mientras se nos vende la juventud como la flor de la vida, en la práctica la precariedad se convierte en un elemento característico de esta etapa vital. La idea de la juventud como paradigma de vitalidad, energía y proyección exenta de límites y sin mucha responsabilidad ni preocupaciones se contrapone a una realidad llena de barreras y obstáculos que dificultan la emancipación personal y la definición de un proyecto de vida propia y autónomo.

Ser joven en Barcelona no es un camino de rosas. La ciudad es diversa, se puede encontrar de todo, ofrece una amplia variedad de servicios, es posible estudiar un montón de especialidades de muchos niveles formativos y la oferta cultural y de ocio no es infinita pero sí muy larga. Esta cara amable contrasta con la más amarga que habla de un Barcelona que se nos muestra hostil, donde sentimos que molestamos, en el cual nos resultado complicado hacer vida en la calle, que no nos permite  vivir allá donde quisiéramos ni tampoco tenemos los recursos para hacerlo con dignidad y, en última instancia, una ciudad que nos expulsa. Vivimos en una sociedad líquida, egoísta, postmoderna, individualista y a la vez globalizada y a menudo se tilda a los jóvenes de a ser ninis, de no saber lo que deseamos y de ser incapaces de comprometernos.

Pero en realidad, muchos de nosotros no solo trabajamos y estudiamos, sino que dedicamos gran parte de nuestro tiempo a asociarnos y participar desde el voluntariado. Podríamos decir que el asociacionismo juvenil es un verdadero pilar de esta ciudad y de este país y la mejor estructura estatal que tenemos. Porque creemos en otra y mejor sociedad, que no sólo es posible, sino que es necesaria y construimos cada día. Mientras el empeoramiento de las condiciones de vida de juventud es una realidad, constatamos una juventud que se organiza, que se mueve, que se moja, que dice lo suyo, que se deja la piel para construir un mundo mejor. Necesitamos sentir que tenemos oportunidades para desarrollarnos de forma plena y autónoma como personas  en esta sociedad que también es nuestra, para tener unas vidas que verdaderamente merecen ser vividas. El movimiento asociativo juvenil  trabaja con voluntad de cambiar para hacer y deshacer, para influir, para reconstruir el presente y construir el futuro.

De esta manera, nos agrupamos en redes y plataformas más grandes que nos sirvan para influir más efectivamente de cara al exterior y organizarnos mejor de cara al interior, en forma de Consejos de Juventud. Son pocos los Consejos de Juventud de base asociativa en el resto del mundo y, por lo tanto, es preciso resaltar que son espacios únicos de debate y cooperación que fortalecen el tejido asociativo juvenil y apoderan aquellas personas que participan activamente. Son un punto de intercambio y de aprendizaje compartido entre las asociaciones juveniles del territorio. Se generan espacios de debate y se transforman los valores y discursos de las entidades en proyectos y acciones conjuntas, canalizando así sus demandas.

El Consell de la Joventut de Barcelona (CJB), que es donde justo ahora estoy participando, es una plataforma que coordina y representa las principales entidades juveniles de la ciudad, que reúne a más de 400 organizaciones de base. Nació en 1980 como instrumento democrático de participación y de acción juvenil, para promover el crecimiento de un asociacionismo fuerte.

El CJB se creó coincidiendo con los primeros años de la democracia, en cuyo momento el principio que dominaba las políticas de juventud era la concepción que los jóvenes debían ser la punta de lanza de la democratización de la sociedad. Más de treinta y cinco años más tarde, los jóvenes continúan estando en la vanguardia en muchos aspectos  y los consejos locales de juventud siguen siendo espacios para articular y consolidar el discurso de éstos.

Así pues, el movimiento asociativo juvenil se despliega en diferentes ámbitos, cada uno de ellos con una gran variedad de asociaciones y colectivos que trabajan en ello de forma específica. En la vertiente de ocio en el tiempo libre los esplais y grupos ofrecen una propuesta activa,  participativa y comprometida con el crecimiento personal de los niños y jóvenes y la transformación social. Desde  la educación no formal, a través del juego, los proyectos y de otras actividades se construye una verdadera escuela de ciudadanía. En Barcelona, por ejemplo, se pueden encontrar más de 135 asociaciones juveniles, mientras que en Cataluña hay cerca de 700 que trabajan semana tras semana y desde los campamentos, colonias excursiones y salidas para educar miles de niños y jóvenes. Para mucha gente los esplais y grupos han sido la puerta de entrada en el mundo del asociacionismo.

Por otra parte, nos encontramos con muchas personas jóvenes que se organizan para hacer efectiva la emancipación de las personas jóvenes, lo que hace referencia a la ocupación, a la vivienda o a la formación. Desde el sindicalismo luchan para mejorar las condiciones laborales precarias de los jóvenes, para una educación pública y de calidad o por una vivienda digna que nos facilite la emancipación.

En los últimos años han aparecido asociaciones que se dedican a luchar por una igualdad real de derechos entre todas las personas, que todavía aún nos queda por conseguir.

De esta manera, numerosos colectivos juveniles feministas y LGBTI realizan una tarea de gran valía contra la injusticia de esta sociedad patriarcal, que los hombres no sean superiores a las mujeres y por la diversidad afectivosexual. También surgen proyectos de jóvenes con diversidad funcional, que promueven su autonomía en todos los ámbitos de la vida.

La ciudadanía, y especialmente la juventud, empujamos hacia acciones que hagan de nuestra tierra una tierra de acogida y refugio, liberándonos del racismo y la xenofobia y creando espacios activamente interculturales. Son muchos los jóvenes que participan en acciones y proyectos que pretenden promover una mejor comprensión entre personas que proceden de contextos culturales diversos, como algunos que trabajan en nuestros barrios u otros de cooperación internacional.

Hay asambleas, casales de jóvenes, colectivos y organizaciones políticas que desde su barrio o pueblo se dedican a realizar un trabajo de base para dinamizar la vida comunitaria. Y muchos otros proyectos que se centran en aspectos clave de la vida, como la salud, la cultura, los deportes, las drogas o la sostenibilidad.

Porque, en definitiva, asociarse es poder. Participar en una asociación hace que recibas mucho más de los que puedes dar. En primer lugar, por las experiencias vividas y las relaciones que se tejen, que difícilmente se dan en otros espacios. También por todos los aprendizajes que suponen el hecho de trabajar en equipo para conseguir un objetivo común. Y finalmente por la posibilidad de incidir y transformar algo, y que hace que tenga sentido dedicar tantos esfuerzos. Porque todos somos necesarios, y porque tenemos mucho que aportar debemos creérnoslo y tener ganas de formar parte de ello. Porque la juventud somos el futuro, pero también queremos ser el presente.