Formación e Investigación

Asociacionismo juvenil: escuela de ciudadanía, consenso y participación

Secretariado del Consell Nacional de la Joventut de Catalunya

Espíritu crítico, empatía, inteligencia emocional, escucha activa, autocrítica, responsabilidad, organización, cooperación y compromiso son sólo algunos de los valores y capacidades que pueden desarrollar las personas jóvenes mediante la participación activa y el asociacionismo.

Aquellos que han participado en un grupo de organización o de juventud lo sabe de primera mano: el movimiento asociativo es una escuela de ciudadanía. La adquisición de compromisos hacia el proyecto y el grupo constituyen un proceso educativo fundamental y prepararan a los jóvenes como agentes de transformación.

El movimiento asociativo es y siempre ha sido un espacio de relaciones humanas basada en dos principios fundamentales: la participación y la cooperación. Más y mejor asociacionismo contribuyen a evitar la fragmentación social, genera procesos de promoción de la identidad colectiva y estimula el empoderamiento ciudadano. Es en este sentido que con el fin de lograr una ciudadanía activa y crítica capaz de jugar un papel clave en la regeneración democrática es esencial para hacer valer el asociacionismo desde las primeras etapas de la vida. ¡Promover el asociacionismo juvenil es clave!

Las acciones que impulsan las asociaciones juveniles contribuyen a una mejora social del entorno  y los aprendizajes que se generan dentro de las entidades promueven el crecimiento individual y colectivo. Este hecho constituye un proceso educativo muy importante.

Valores y capacidades que se convierten en motor de cambio

Es larga la lista de valores y habilidades desarrolladas a través del asociacionismo juvenil: espíritu crítico, empatía, inteligencia emocional, escucha activa, la autocrítica, responsabilidad, organización, cooperación, compromiso… Con la transversalización de estos valores y actitudes y desde la toma conjunta de decisiones, se consigue una participación activa, libre e implicada en la construcción y la transformación de la comunidad.

Las asociaciones juveniles están trabajando para llevar a cabo iniciativas transformadoras y, en este proceso, los jóvenes aprenden a ser responsables, críticos y creativos trabajo en equipo de un hecho que, al mismo tiempo, aprender a escuchar y ser hábil en la gestión de las emociones. Participar en un proyecto colectivo los hace ser y sentir piezas esenciales de un engranaje de cambio.

Esto a la vez contribuye a reforzar la autoestima y la capacidad de superación. Este conjunto de valores y aprendizajes son el motor del cambio, la llave para poder realizar un análisis crítico de la realidad y pasar a la acción generando alternativas.

Tejiendo proyectos comunes

El modelo de participación en que se basa el asociacionismo juvenil está estrictamente vinculado al empoderamiento y la participación en la construcción de la comunidad. Este empoderamiento se logra mediante la identificación conjunta de los desafíos y tejiendo proyectos que formen parte de la solución a los problemas existentes. Las entidades juveniles son espacios donde, gracias a las diferentes capacidades de los miembros, se construyen alternativas. Para garantizar esta capacidad de transformación social, se trabaja para que la participación en entidades y asociaciones sea activa, vivencial, voluntaria y comprometida. Es preciso además, que desde las mismas organizaciones se fomente la continuidad en el tiempo. Con el fin de proporcionar esta participación, es importante potenciar la toma de decisiones, el espíritu crítico y que las entidades tengan estructuras democráticas y abiertas que garanticen la igualdad en relación a los derechos y deberes de entre sus miembros. Pero al mismo tiempo también es necesario que tales estructuras sean permeables a los cambios. Deben ser suficientemente flexibles como para poder adaptarse a las necesidades de un contexto cambiante y permitir diferentes vías de entrada al colectivo.

El asociacionismo juvenil a Cataluña

Cataluña es un país de larga trayectoria asociativa. Desde los ateneos de mediados del s. XIX, pasando por el sindicalismo de inicios del s. XX, hasta llegar al contexto actual de la reconstrucción de la conciencia colectiva y la recuperación del protagonismo político ciudadano.

En la actualidad, el tejido asociativo juvenil catalán es único en Europa. Su dinamismo y su dimensión demuestra que la juventud se mueve y mucho. La imagen estereotipada de los jóvenes que a menudo aparece en los medios de comunicación- pasividad, poco compromiso, consumo de alcohol, etc.- se estrella con una realidad invisible: casi el 14% de los jóvenes en Cataluña están involucrado en algún tipo de asociación. Esta cifra no incluye todo el colectivo joven que forma parte de d los movimientos activistas y las organizaciones no constituidas formalmente como asociaciones.

Es necesario trabajar para desestigmatizar la imagen de los jóvenes ya que, entre otros, representa un obstáculo para el reconocimiento social y la visión positiva de muchos proyectos impulsados desde colectivos y espacios juveniles. Los jóvenes son inquietos, tienen ganas de hacer cosas y ¡hacen muchas cosas! El Consell Nacional de la Joventut de Catalunya ha trabajado continuamente desde 1980 para hacerlo visible y, al mismo tiempo, para defender los derechos de los jóvenes frente a las instituciones y promover la participación juvenil.

Las personas que participan – o al menos lo intentan – lo hacen a lo largo de toda la vida. Si realmente queremos una ciudadanía activa, crítica y comprometida, es el momento de empezar a hacer visible y promover el asociacionismo juvenil desde todos los ámbitos. No importa si los jóvenes están involucrados y participan en entidades desde contextos políticos, sociales o culturales, lo que realmente importa es que se eduque y se socialice para participar.