Editorial

Un cor ple d’estrelles

“Domo arigato gozaimasu” quiere decir muchísimas gracias en japonés

“Un cor ple d’estrelles es un homenaje a tantas personas que a partir de ese momento me han enseñado a amar, pero, por encima de todo, a la buena gente que se entrega a los demás, que da lo mejor de sí misma a pesar del dolor, la adversidad, el sufrimiento y la crisis. Estas personas son luces, estrellas en el camino de nuestra vida”.

Esto es lo que escribe Àlex Rovira en el prólogo del libro “Un cor ple d’estrelles”. Habla de julio de 2005, el día que nació su hija Mariona, con una cardiopatía congénita.

“Mi hija Mariona nació con un grave problema en el corazón. Nunca olvidaré las palabras del médico en el Hospital Sant Joan de Déu después de un primer diagnóstico: “No sabemos si tu hija vivirá …”. Eran las tres de la madrugada del martes 26 de julio de 2005, apenas una hora después de que la pequeña saliera del vientre de su madre.

El 25 de julio había de iniciar un viaje a Japón que duraría cinco días. Los acontecimientos lo impidieron. Escribí un correo electrónico a Naomi Saito, mi editora en Japón, en el que la informaba de que, obviamente, al estar de esta manera nuestra hija tenía que cancelar la presentación de “Els set poders” en el país nipón, que con tanta ternura y entusiasmo había acogido “La Bona Sort”. Estuvimos cerca de cuatro semanas en el hospital, las dos primeras con Mariona conectada a numerosas máquinas que la asistían para vivir, que drenaban el agua de su cuerpo, que la alimentaban, la ayudaban a respirar y a controlar los latidos del corazón. Vi el sufrimiento de otros padres y madres con sus bebés luchando entre la vida y la muerte.

Aquel tiempo, desde el 26 de julio hasta finales del mes de agosto, mi vida se limitó a una suma de viajes de ida y vuelta en el hospital y en casa de mi cuñada, que generosamente nos brindó su hogar, donde íbamos a recuperar fuerzas.

Recuerdo el ritual de ver a nuestros hijos, cada tres horas, de día y de noche. Nos lavábamos las manos y los brazos con cuidado y nos poníamos el sombrero, la bata y los protectores de los zapatos de un color verde que tengo grabado en la memoria. El olor de ese espacio, las enfermeras, los médicos y las visitas, el silbido de las máquinas. Pero sobre todo recuerdo aquellos cuerpos pequeños, frágiles y preciosos, debatiéndose entre la vida y la muerte.

Después de dos semanas críticas, la salud de Mariona dio un giro repentino y comenzó a recuperarse. Cuando recibió el alta, volvimos por fin en casa. Recuerdo que abrí el ordenador después de un mes de tenerlo apagado y entraron cientos de correos electrónicos, que fui repasando en una lectura rápida hasta que me detuve en uno que me llamó la atención. Provenía de Japón. Lo firmaba Naomi Saito. La editora anexaba cientos de muestras de apoyo para la salud de Mariona recogidas en Japón.

Pocos días después llamaron a la puerta de casa. Mariona evolucionaba bien, y a pesar de algún susto, iba ganando peso. Cuando abrí la puerta, un mensajero me entregó una caja. En el interior, encontré un osito de ropa tejido con recortes de diferentes estampados, texturas y colores que sostenía un trébol de cuatro hojas entre las manos. Era un osito que no llegaba a quince centímetros de altura, y era evidente que la había cosido una mano amorosa y experta, porque era impecable, original y muy bello. A un lado, había un sobre. Lo abrí:

Estimados Àlex y Mónica:

«¿Es un niño o una niña?”, Nos preguntábamos sobre su bebé. Sentimos una gran tristeza por lo que está viviendo, porque también nuestra pequeña Kokoro nació con una enfermedad rara. Toda mi familia ha leído tu libro “La brúixola interior”. Siempre nos has transmitido fuerza y ​​coraje. Y por este motivo te estamos profundamente agradecidos.

Este osito que tiene en sus manos ha sido hecho con trozos de prendas que Kokoro, nuestra hija, vistió al nacer durante su larga estancia en el hospital. Fueron regalo de un médico, que nos dijo que le dolía ver que siempre llevaba la misma ropa, los vestidos blancos con los que se viste a los bebés recién nacidos.

Kokoro fue la primera niña en Japón que nació con una enfermedad extraña. Pero sobrevivió a esta difícil circunstancia. Y yo sé que la fuerza y ​​el poder de la Kokoro aún permanecen en la ropa que la abrigó y con los recortes hemos creado este pequeño osito. Lo hemos cosido Kokoro, Sara y yo misma. También mi marido nos ha ayudado. El trébol de cuatro hojas lo encontraron mis hijas.

Su pequeña está luchando por vivir. Oramos para que se cure lo antes posible.

Atsuko Suzuki, madre de Kokoro.

“No por casualidad, Kokoro en japonés se puede traducir como ‘corazón’ o ‘alma’. Este nombre reflejaba claramente el ser de aquella chica de mirada serena y profunda. El destino nos había unido y la generosidad de Kokoro, de su hermana Sara y de sus padres se había traducido en un pequeño osito de trapo cosido con recortes de los trajes que la pequeña Kokoro había llevado puestos en sus primeros días de vida . Todo ello gracias a la generosidad de un médico que quiso dar esperanza, a través del color de los vestidos del bebé, a unos padres ante una situación de enorme dolor e incertidumbre.”

(El osito hecho con recortes de pijamas de la pequeña Kokoro, lo tiene Mariona en su habitación.)