Editorial

El tiempo pasa volando

La columna de Jaume Comas

El tiempo pasa volando. Lo constatamos cuando nos damos cuenta que los años fluyen con un empuje imparable. El balance de AACIC es positivo: consecuciones científicas, médicas, sociales. El bagaje humano es basto. Se han acumulado experiencias de todo tipo que han permitido enriquecer el conocimiento y han fortalecido las convicciones del conjunto de la familia asociativa. Pero no ha sido en vano. El peaje ha sido claro. Por el camino nos han dejado amigos entrañables e inolvidables. Los que empezaron el camino y ahora aún luchan para tirar adelante son, sin proponérselo ni desearlo, los principales protagonistas de todo lo que AACIC ha conseguido, es decir, de los avances generales de todo tipo en relación a las cardiopatías congénitas. Los primeros afectados, los veteranos, son los que lo han pasado peor. Con pocas excepciones, no lo tienen nada fácil. El peso de las incertidumbres dilatadas, la acumulación de dudas, las expectativas inseguras se agravan sin estabilidad laboral. Algunos tiran adelante difícilmente, otros recomienzan la vida con ilusiones renovadas. Afectados y familias compiten cada día en una cursa de obstáculos. Nuestra solidaridad es muy loable y ciertamente la expresamos con toda la buena voluntad que somos capaces. Más que un sentimiento generoso es un comportamiento de mérito, casi una manera de entender la vida. Pero aún podemos replantearnos si con nuestro gesto de alcance general y propósito colectivo ya no es necesario que hagamos nada más. Sin embargo, ¿obramos de manera conveniente? Personalmente me preocupa el dolor alieno, pero también la desorientación, la desazón, el desamparo. Sé que empatizar es tan fácil de decir como difícil de hacer. También sé que el hecho de ponerse en la piel del otro no es sencillo y es mejor que no lo intente quien no disponga de condiciones adecuadas. Con todo, los amigos y los parientes de nuestros veteranos tenemos la oportunidad de hacer un cambio de chip. Podemos renovar nuestra atención a las vivencias y los viejos y nuevos retos que la vida de cada día les plantea. ¿En qué puede consistir este esfuerzo? En el acercamiento: en poner la oreja a las sutilezas que la inercia de la familiaridad ya no nos deja ver; a redescubrir la subjetividad; a recoser las complicidades. Es necesario que tracemos la relación de un nuevo afecto sincero y desinteresado que se expresa o bien con un chiste alocado, o bien con una sonrisa, o bien con silencio, o bien con una simple mirada. Así pues, reinventemos el acompañamiento con mucho y mucho afecto.

 

Jaume Comas