Editorial

¿Niños y jóvenes excluidos del ejercicio físico? Hablemos

La actividad física, el ejercicio, practicar un deporte con cardiopatía congénita, es un motivo recurrente de preocupación. Lo es entre padres e hijos, entre niños y jóvenes, y también en las escuelas, entre el profesorado

El verano pasado, la Revista Española de Cardiología (REC) se hacía eco del estudio de un equipo catalán de investigadores titulado “Prueba de esfuerzo con función cardiopulmonar en niños operados de cardiopatía congénita. Recomendaciones de ejercicio físico en el ámbito escolar”. Los resultados son significativos. El número de niños sin limitaciones físicas para el ejercicio físico tanto en el ámbito escolar como extraescolar aumentó sensiblemente. También se detectó una tendencia similar entre los jóvenes que hacían ejercicio físico moderado o poco intenso.

El Dr. Serra y la Dra. Doñate , del Hospital de la Santa Cruz y San Pablo , tenían el convencimiento de que los varemos de las guías de referencia, basados en el tipo de cardiopatía y la exploración del joven en reposo, eran una estimación insuficiente para determinar la capacidad real para el ejercicio físico de estos jóvenes. ¿En qué basaban este convencimiento? En el conocimiento científico y en su propia práctica médica. El conocimiento científico hoy nos dice que la capacidad de esfuerzo es un factor importante en la capacidad para el ejercicio físico. Las pruebas en reposo no incluyen esta información, que sólo se puede obtener con técnicas de exploración dinámica, como la prueba de esfuerzo. El equipo que ha conducido la investigación que presentamos tenía experiencia.

En el estudio participaron ciento ocho hombres y mujeres con cardiopatía congénita procedentes de los dos hospitales de referencia en Cataluña (San Juan de Dios y Hospital del Valle de Hebrón). Los jóvenes tenían entre siete y trece años y en el momento de la investigación estaban capacitados para hacer ejercicio físico. Para llevar a cabo la investigación colaboraron también especialistas de cada uno de los hospitales. Cada uno de los jóvenes, con la colaboración de sus padres y en presencia de un médico del equipo, rellenó un cuestionario donde se detallaban informaciones relevantes: cuál era su cardiopatía de base, la cirugía a la que había sido sometido y el estado actual de su cardiopatía. También se anotaba el nivel de práctica de ejercicio habitual del niño o la niña y sus preferencias por una modalidad de ejercicio. Acto seguido, el joven llevaba a cabo una prueba de esfuerzo ergoespirométrico, es decir, además de monitorizar el corazón con un electrocardiograma y controlar la presión arterial, también se analizaban los gases que el joven expiraba durante la prueba.

La sensación de cansancio suele ser bastante subjetiva, especialmente en niños y jóvenes que hacen poco ejercicio físico. A menudo pueden hacer más esfuerzo de lo que piensan. La observación del niño durante la prueba y los datos de los gases expirados permiten determinar con criterios objetivos si se ha llegado al agotamiento. Con los resultados de la prueba de esfuerzo y la documentación clínica analizada por cardiólogos que hacían el estudio se establecieron unas recomendaciones de práctica física para cada uno de los jóvenes.

En la investigación también se destaca que en 59 niños con lesiones cianóticas se observó que una reparación precoz y con buenos resultados de la lesión del corazón se traducía en una mejor capacidad funcional. A 48 de estos niños cianóticos se les pudo recomendar un incremento del nivel de ejercicio.
Un año más tarde, los investigadores volvieron a convocar treinta y cinco de estos jóvenes. El 62 % de este grupo al que se había ofrecido la posibilidad de incrementar el ejercicio físico lo hicieron. Los que no lo hicieron argumentaban que era debido a la falta de oportunidad o de motivación. Por otra parte, durante el estudio se detectó un aspecto social importante: los padres que asistieron a la prueba constataban que una buena parte de sus inquietudes no tenían fundamento y mejoraba su confianza ante la práctica de ejercicio físico.

La prueba de esfuerzo es un método que determina la capacidad que tienen los jóvenes con cardiopatía para practicar ejercicio físico. La pueden hacer la mayoría de niños a partir de los cinco años. Aporta información adicional a la valoración clínica y la exploración física en reposo. El resultado de la prueba permite orientar con criterios objetivos el nivel de intensidad en la actividad física para optimizar los beneficios del ejercicio y reducir los riesgos, con lo cual se pueden evitar actitudes innecesarias de inhibición y desconfianza alrededor de la actividad física y la práctica deportiva entre algunos niños, jóvenes, sus familias y los profesionales de la educación física. Con estos datos interpretados, siempre, por el cardiólogo de referencia se determina el equilibrio entre lo que el niño es capaz de hacer y lo que en la práctica lleva a cabo en el ámbito del ejercicio en general.

Al final del artículo publicado en la REC los investigadores agradecen el apoyo de AACIC-CorAvant y nuestra colaboración en la selección de los pacientes participantes en el estudio. Queremos hacer llegar este agradecimiento a todos los participantes en la prueba ya sus familias.