Editorial

El cuerpo habla

La columna de Jaume Piqué

El cuerpo habla. Hace unos años estuve tres meses en un centro de meditación en una casa en la montaña. Un bonito lugar. En diversos períodos de esa estancia pasé diez días seguidos sentado en un cojín en el suelo durante más de seis horas al día, repartidas a lo largo de la jornada. En estos períodos no se nos permitía hablar. Las personas que me conocen no se creían que hubiera podido estar tantos días seguidos sin articular palabra. No fue fácil. Aunque no digas nada, ¡el cerebro no para! Los pensamientos son como un mono que salta de neurona en neurona sin pararse. De madrugada, antes de desayunar, cada uno se sienta en su cojín y observábamos como el aire entraba por la nariz al inspirar y salía al expirar. No teníamos que hacer nada más. Sin darte cuenta el mono empezaba a hacer de las suyas y tenías la mente en cualquier cosa menos en la respiración. Nos decían que si nos despistábamos, no importaba, que volviésemos a observar el aire entrando y saliendo por la nariz. Más adelante añadimos otra técnica. Empezamos observando la respiración y después de diez o quince minutos, observábamos el cuerpo. De la cabeza a los pies, y de los pies a la cabeza. Ordenadamente. Sin saltarnos ninguna parte del cuerpo. Y así ir haciendo. El cuerpo es un universo de sensaciones: cosquilleos, pinchazos, palpitaciones… Algunas agradables, otras dolorosas.  La técnica consistía en evitar etiquetarlas como buenas o malas. Simplemente observarlas con atención. Hice algunos descubrimientos. Por ejemplo, las sensaciones vienen y van, como los pensamientos. Cuando lo expliqué a una amiga actriz, me dijo que todo eso ella lo había descubierto con el teatro. Los personajes se interpretan a través del cuerpo, me decía. Descubres la relación entre los pensamientos y las sensaciones. No hace mucho, leí que las personas que padecen enfermedades crónicas de nacimiento son más sensibles a las sensaciones de su cuerpo. Tienen el radar más bien afinado. El cuerpo habla y habitualmente es un buen consejero.

 

Jaume Piqué